Carla y Gero viajaron desde Argentina para casarse, pero también para vivirlo sin apuro. Los días previos fueron parte de la historia: encuentros, comidas largas y risas compartidas que fueron armando el clima incluso antes de que empezara todo.
El casamiento fue en Narbona, con una ceremonia de amigos, cercana y sin formalidades. Aparecieron historias que no todos conocían, y las risas inevitables.
Carla se preparó acompañada de los suyos, con el detalle especial de que la maquilló una amiga, sumando todavía más cercanía a una jornada pensada desde lo personal. Se sintió más como una reunión entre los suyos que como un evento. Y ahí estaba la clave.
Después, en la fiesta, no faltó nada. Sonó electrónica, sonó cachengue y sobraron ganas de celebrar. El DJ también era amigo, y eso se notó en cada tema, leyendo perfecto la energía de la noche.
En un momento, Carla apareció con otro vestido, lista para darlo todo en pista.
De esos casamientos que no se quedan en un solo día, sino en todo lo que pasó alrededor.




















































































































































































