Majo se preparó en una casa llena de gente querida, sus amigas, su mamá, sus hermanas y también su suegra, compartiendo ese momento que es mitad calma, mitad emoción contenida.
Stefano, en paralelo, con sus amigos y su suegro: risas, complicidad y esa energía previa que no necesita demasiadas palabras.
La ceremonia fue en Narbona, el escenario perfecto para algo descontracturado, auténtico y muy de ellos. Vinieron amigos y familia desde distintos lugares del mundo, y eso se sentía en todo, en los abrazos largos, en las miradas que se reencontraban, en la forma en que cada uno estaba realmente presente. No faltaron las risas ni los imprevistos, de esos que, lejos de interrumpir, terminan haciendo todo más genuino.
Después, la fiesta encontró su propio ritmo. No hubo que forzar nada, la pista estuvo llena desde el principio y la energía no bajó en toda la noche. De esas fiestas donde levantás la vista y todos están bailando.
Un día vivido de cerca, sin filtros. Como tenía que ser.




































































































































